
Estados Unidos. – El expresidente Donald Trump ha recitado en la noche del martes todo el memorial de agravios que acumula desde que, aún en la Casa Blanca, fue investigado por la trama rusa —la posible connivencia del Kremlin para ayudarle a ganar las elecciones de 2016— o sometido a los dos impeachments, o juicios políticos, de los que salió indemne. El republicano hizo un diagnóstico de la naturaleza de su victimismo, a la par que una apelación a sus fieles, en su feudo de Mar-a-Lago (Florida). Ponía fin así a una jornada vertiginosa en la que horas antes había sido imputado en Nueva York por tres pagos en negro para ocultar relaciones extramatrimoniales durante la campaña de 2016. Si estaba herido en su fuero interno, no lo demostró ante el atril desde el que se dirigió, en un tono inusualmente calmado y desprovisto de su vociferante energía, a sus seguidores.
“El único delito que he cometido es haber defendido sin miedo a nuestro país frente a quienes intentan destruirlo”, ha dicho Trump, recalcando la esencia de su misión, y considerando un insulto la ofensiva legal que padece. Además de la imputación en Nueva York, arrastra varias investigaciones federales y estatales, entre ellas por retener documentos clasificados en Mar-a-Lago, por su papel al instigar el asalto al Capitolio en 2021 y por intentar dar un pucherazo en el Estado de Georgia.


